¿Qué tiene que ver la jornada laboral de ocho horas con las huelgas climáticas que se celebran estos días?

Leonardo Melo

Es paradójico, pero a menudo los estudiantes perdemos la memoria de los hechos pasados, históricos; por más que los estudiemos en los libros de texto, los olvidamos. O más bien tratan de arrebatárnoslos, borrando la memoria colectiva del pueblo trabajador. A quienes sacan beneficio de nuestra miseria les conviene que no recordemos, por eso proponemos este artículo como un necesario ejercicio de memoria. Los estudiantes tenemos que echar la vista atrás para conocer la historia del pueblo, de nuestras tradiciones, logros y errores. Conocer los hechos no es un asunto menor, sino que nos proporciona herramientas para seguir luchando por nuestros derechos y para mejorar las condiciones de vida y estudio de los nuestros.

En nuestro país tenemos muchos motivos de orgullo por los que reivindicar lo que lograron las generaciones pasadas. Uno de ellos, tal vez el más grande, fue el esfuerzo que realizaron los trabajadores en Cataluña, ejemplo de lucha al plantar cara a la compañía eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, despidió a ocho de sus trabajadores por reivindicar mejoras laborales. En este momento, las fuerzas del pueblo trabajador y la organización sindical centro a centro, sector a sector, pusieron sus engranajes a funcionar. La patronal golpeó primero, pero los sindicatos rápidamente organizaron la respuesta y, como titulaba la prensa de la época, “patronos y obreros estaban en guerra”. El 8 de febrero de 1919, después de la conformación del comité de huelga, casi la totalidad de la plantilla se declaró en huelga. Los obreros fueron conscientes de que la lucha no era puntual ni parcial, estaba en juego el honor de toda la clase, el derecho a sindicarse y a mejorar las condiciones de trabajo. Las demandas de los trabajadores no fueron asumidas por la empresa, lo que dio paso a amplias movilizaciones.

La importancia estratégica de La Canadiense era sumamente alta, y esto quedó demostrado cuando decenas de tranvías quedaron paralizados en la ciudad condal producto del nulo suministro de electricidad. Tras varios intentos por el Conde de Romanones de reestablecer la normalidad en Barcelona, llegando a encarcelar a casi tres mil trabajadores, acabó cediendo y el gobierno optó por la vía de la negociación debido a sus miedos de que la situación de Cataluña despertara la solidaridad en el resto del país. Lo que comenzó como una reivindicación de ocho trabajadores, acabó suponiendo la movilización de miles de trabajadores organizados por los sindicatos y con su consecuente victoria. A parte de la readmisión de los despedidos y de mejoras tanto para los trabajadores de La Canadiense como para trabajadores de otros sectores en el resto del país, el principal logro fue la firma del Real Decreto del 3 de Abril de 1919 donde el Conde de Romanones promulgaba la jornada laboral de ocho horas que entraba en vigor el 1 de Octubre de 1919.

Las enseñanzas de la huelga de La Canadiense son muchas, pero la fundamental es que con la lucha y la organización se pueden lograr amplias victorias del pueblo trabajador. Y la mejor herramienta para la movilización es la huelga, herramienta propia y exclusiva de nuestro pueblo que hoy pretenden arrebatarnos un puñado de políticos y empresas de la llamada economía verde. Al igual que el pintor cuida sus manos y sus pinceles porque son sus herramientas de trabajo y sin ellas no puede desarrollar su labor, los estudiantes y los trabajadores debemos ser capaces de guardar, como oro en paño, las herramientas de lucha. Exigimos responsabilidad a las fuerzas sociales en un momento en el que se anuncian huelgas “desde arriba”, huelgas que nadie sabe demasiado bien de dónde salen, pero tienen un objetivo marcado de difuminar el carácter clasista de la lucha.

Hablemos en claro de las movilizaciones contra el cambio climático y particularmente de la “huelga climática” del 27 de septiembre. ¿Cómo es posible que los mismos responsables del cambio climático sean parte activa de las movilizaciones? ¿En qué momento han pasado los gobiernos y los empresarios a dictaminar cuáles son nuestras reivindicaciones? Los hechos son tozudos, y resulta curioso que los abanderados de estas movilizaciones sean empresas como Endesa, Acciona, Iberdrola, Red Eléctrica, Ferrovial, BBVA, Bankia, OHL, Vestas… así como las consultoras más importantes de medio mundo. Las mismas eléctricas que cortan la luz de miles de familias en invierno, los mismos bancos que desahucian y empresas que despiden a cientos de trabajadores con EREs tratan de darnos lecciones al pueblo trabajador sobre cambio climático. Esta maniobra es un paso más en la desarticulación de cualquier lucha del pueblo trabajador, ahora tratan de apropiarse de la huelga como herramienta de reivindicación, de lucha, de ataque de nuestros intereses contra los suyos. Si seguimos permitiendo esta tendencia, las consecuencias serán nefastas para los nuestros.

Tengamos en mente el ejemplo histórico de La Canadiense: los obreros y los estudiantes podemos plantar cara mediante la organización, la lucha planificada y dirigida contra los que nos arrebatan los derechos día a día. Ninguna empresa ni político debe dictarnos el camino de nuestras demandas, no confiamos en ninguna fuerza salvo en la nuestra.

Leo Melo

Estudiante de Historia

 

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