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Resolución política al III Congreso del Frente de Estudiantes

III Congreso

El III Congreso del Frente de Estudiantes ratifica y aprueba la presente resolución de cara a situar las claves del momento político presente y recalcar las tareas del sindicato en lo inmediato. Por razones sanitarias, la celebración del III Congreso se pospuso del mes de marzo al mes de septiembre de 2020, periodo de tiempo que, lejos de caracterizarse por la estabilidad coyuntural, ha estado marcado por el estallido de la pandemia de la COVID19, que no sólo ha evidenciado y agudizado las desigualdades existentes en el sistema educativo a todos sus niveles, sino que ha actuado de acelerador y catalizador de la crisis económica en ciernes. El análisis de coyuntura ha variado sustancialmente desde marzo hasta el momento presente y, en ese mismo sentido, han variado las exigencias que recaen sobre las organizaciones sociales en general y, en lo que a nosotros respecta, sobre el movimiento estudiantil y educativo en particular.

Señalan las Tesis al III Congreso una salida de la anterior crisis, la del 2008, en un contexto de mayor privatización educativa y asentamiento de los recortes económicos y de derechos aplicados en contexto de recesión. El breve periodo de recuperación no ha alcanzado el ritmo de crecimiento anterior a la crisis, dada la gravedad de aquella, ni tampoco se ha traducido en mejores condiciones de vida para las familias trabajadoras: el periodo de gobierno socialdemócrata no ha supuesto una reversión de las políticas antipopulares aplicadas para salir de la crisis, tampoco en el ámbito educativo. En Enseñanzas Medias y Formación Profesional enfrentamos la tramitación parlamentaria de una ley educativa (LOMLOE) que se limita a derogar los aspectos más lesivos de la LOMCE pero que en esencia apuntala un modelo educativo al servicio de los intereses privados y empresariales. A nivel universitario la apuesta del ministro Castells es la reforma casi integral del modelo de universidad en España por la vía de la elitización, liberalización y mayor presencia de la empresa privada, en consonancia con las directivas de la UE en materia de educación superior.

El pueblo trabajador y sus hijos e hijas afrontamos el nuevo escenario de crisis desde peores condiciones respecto al estallido de la crisis de 2008. A este respecto son necesarias toda una serie de matizaciones para comprender el momento político que afrontamos y, en consecuencia, comprender también las tareas del Frente de Estudiantes como principal estructura organizativa del estudiantado en nuestro país:

En primer lugar debemos caracterizar la crisis que afrontamos. Los ya existentes indicadores de ralentización económica se han convertido, con el estallido de la pandemia como catalizador, en una crisis a nivel nacional e internacional. La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la mediación del beneficio económico de unos pocos sobre todos los ámbitos de la vida —por descontado, también el educativo. La obligada paralización de la actividad económica, y a pesar de los intentos de la patronal y el Gobierno para que la clase obrera siguiera produciendo y generando beneficios a costa de su salud y expuesta al contagio, ha acelerado la destrucción de empleo y disparado las cifras de paro no sólo en España sino a nivel mundial. La pandemia, por tanto, no es la causa sino el desencadenante de la crisis y, por tanto, no debe ser asumido como válido ningún argumentario que justifique ataques al estudiantado del pueblo trabajador y sus familias bajo el amparo de la pandemia como exonerante. Lejos de eso, la crisis es un fenómeno inherente al modo social y económico que, tarde o temprano, estallaría con nefastas consecuencias para el pueblo trabajador.

Bajo la retórica de una crisis en V (rápida caída, pero rápida recuperación) el Gobierno aplicó medidas en clave de facilitar liquidez a las empresas mientras que el Estado asumía grandes costes. Es necesario mencionar la cuestión de los ERTEs como mecanismo paradigmático que ejemplifica la tendencia a la socialización de las pérdidas económicas bajo cobertura estatal. Las medidas sociales aplicadas deben entenderse, entonces, en su concreción: se trata de medidas profundamente insuficientes, muchas veces hasta cosméticas (véase la subida de las becas o la bajada de las tasas universitarias) en clave de generar cierto consenso social, que permiten , además, promover el consumo en clave de buscar una salida a la crisis de sobreproducción. Todo ello redunda en grandes costes estatales y aumento de la deuda pública asumidos, en última instancia y a través de distintos mecanismos, por la clase trabajadora. No hablamos, entonces, de una rápida recuperación sino de una crisis de larga duración que supondrá, en general, peores condiciones de vida y trabajo para el conjunto del pueblo trabajador, lo cual, a su vez, redundará tanto en el acceso de sus hijos e hijas a determinados niveles educativos como en la agudización de la segregación a todos los niveles de enseñanza.

En términos educativos, partimos de un contexto de no reversión de los recortes efectuados en la anterior crisis y, desde ahí, afrontamos un periodo en el que no sólo se mermará el acceso de las familias obreras fruto de la destrucción de empleo y empobrecimiento, sino que se abre un escenario en que la educación es un atractivo para aquellas empresas que buscan mantener y remontar sus beneficios; un suculento nicho de negocio, objeto de privatizaciones y mercantilización. Tanto la LOMLOE como los proyectos del Manuel Castells para la Universidad española generan los marcos legales precisos para que ello tenga lugar (favoreciendo y apuntalando el desarrollo de la escuela concertada o generando los marcos para una cada vez mayor presencia de la empresa privada en la educación superior, entre otros).

Por otro lado, la vinculación entre el ámbito educativo y las condiciones generales de producción es claro: existen ya indicadores suficientes para afirmar que el sistema educativo y sus gestores están sentando las bases para adaptar la formación a las necesidades coyunturales de la patronal, lo cual significa ahondar en el proceso de cada vez mayor especialización y tecnificación de las enseñanzas a todos los niveles. En ese marco aparecen, por ejemplo, las medidas respecto al currículum propuestas en el borrador de RD elaborado por el Ministerio de Universidades, o el proyecto para las enseñanzas de Formación Profesional de la Ministra Isabel Celaá. Por supuesto, todo ello está vertebrado por la contradicción de clase: somos los hijos e hijas de los trabajadores quienes sufrimos las barreras económicas que sólo nos permiten acceder a la educación superior en clave de reproducción sistémica y siempre garantizando la formación de la mano de obra que posibilite la generación de beneficio privado. Cabe añadir que somos los estudiantes recién egresados, prontamente expulsados del sistema educativo o privados de acceso a determinados niveles, los que sufriremos en primera persona las condiciones de trabajo que resulten del periodo entre dos crisis: la llamada “uberización de la economía”, término que se refiere a la cada vez mayor flexibilidad de que dispone la patronal para la creación de trabajo a su propia demanda, que implica y conlleva el aumento de las tasas de explotación a través de diversos mecanismos (becarios, falsos autónomos, temporalidad, parcialidad, etc…) y en el que la juventud ocupa un primer eslabón en la naturalización de tales condiciones —a día de hoy muy características del empleo juvenil— al conjunto del pueblo trabajador.

Situando el foco en el Gobierno, debemos hablar de gestión de la crisis en términos educativos. Se han dado ya suficientes ejemplos del carácter del Gobierno de coalición y las limitaciones de su gestión. Reafirmar en clave de contexto nuestro análisis acerca del papel del ejecutivo es clave para desarrollar nuestras tareas como sindicato estudiantil. Tal como señalan las Tesis al III Congreso del Frente de Estudiantes, “dentro de los márgenes parlamentarios, la gestión de cualquier Gobierno se encuentra limitada por los intereses empresariales”. Es decir, que el hecho de que existan contradicciones en el seno del Gobierno, mediadas por la presencia de sectores favorables a medidas “sociales” que pueden favorecer a determinadas capas de la sociedad afectadas por la crisis (nunca a la generalidad de la clase obrera y el pueblo) y que ello pueda entrar en contradicción con determinados intereses corporativos particulares y concretos, no significa que, en términos generales, la política del Gobierno no se encuentre sujeta y mediada por las lógicas del beneficio privado. Esto significa que los márgenes de posibilidad del Gobierno se sitúan en el marco de este interés privado, que en determinados momentos pasa por favorecer el consenso social y las lógicas del pacto, tal como se ha podido ver en el último periodo.

En el 5º aniversario del Frente de Estudiantes y coincidiendo con la celebración de nuestro III Congreso, se abre un escenario en el que es necesario reafirmar nuestra propia existencia a través del hacer de nuestra militancia en los centros de estudio. La aceleración de la crisis y la agudización de la segregación educativa exigen de nosotros el papel de transformar la correlación de fuerzas, de organizar al estudiantado como única garantía: no sólo para la conquista de derechos y el freno a los ataques que están por venir, sino que para preparar las condiciones para la construcción de una educación a nuestro servicio. Significa esto una propuesta para la acción: el Frente de Estudiantes, ahora más que nunca desde que hace 5 años se conformara como sindicato estudiantil estatal, debe ser referencia diaria y cotidiana en cada instituto, en cada facultad: ser, en definitiva, la herramienta para la organización y la lucha del estudiantado de todo el país que construya la fuerza que las condiciones presentes nos exigen. Si los márgenes de posibilidad del Gobierno se encuentran mediados por la exigencia de cada vez más explotación para garantizar el beneficio de unos pocos, son nuestras propias fuerzas organizadas las que deben orientarse hacia la construcción de un modelo educativo basado en el desarrollo humano libre e igual de toda la sociedad. Ahora más que nunca, depende de nosotros la transformación educativa que los hijos e hijas del pueblo trabajador necesitamos. Ahora más que nunca: depende de ti.

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