¡Ni una vez más sin nosotros!

Carta abierta del estudiantado organizado al Ministro de Universidades

A Manuel Castells:

Habiendo recopilado información del estudiantado de todas las universidades públicas y trabajado activamente en cada una de ellas para exigir garantías para el estudiantado en el contexto de crisis desatado por la COVID-19, le hacemos llegar la presente carta con el objetivo de devolverle a la realidad de la que se encuentra usted preocupante —que no sorprendentemente— desconectado; y presentarle algunas de las urgentes reivindicaciones del estudiantado. Desde que el estado de alarma se decretase poco se corresponden las valoraciones de su Ministerio con la realidad de estudiantes y docentes: nos encantaría compartir con usted que la respuesta de las universidades ha sido ejemplar, que nadie va a perder el curso por culpa del COVID-19 y otra serie de afirmaciones que no recopilamos en forma de lista por no hacer más sangre con el sufrimiento de miles de estudiantes; pero la realidad es que, como ya dijimos al inicio de esta pandemia, las consecuencias de la crisis desatada por el virus afectarán desigualmente y profundizarán en la brecha de clase que expulsa a los hijos e hojas de la clase trabajadora de la universidad.

La realidad, Ministro, es que hay miles de estudiantes que van a tener que abandonar sus estudios el curso que viene. El aumento en 100 euros de las becas —condicionadas al aprobado— o la bajada de la horquilla de tasas es, por desgracia, insuficiente. En primer lugar, porque ni siquiera es proporcional con la destrucción de empleo y la perdida de capacidad adquisitiva de las familias afectadas por ERTES, ERES y despidos. En segundo, porque no evitará que sean miles los estudiantes empujados al abandono de sus estudios este mismo curso: hay a quien aún no se le ha planteado resolución respecto a sus prácticas y por tanto deberá cursar otro año más, hay a quien se le ofreció desde la universidad la opción a desarticular asignaturas pero en pleno periodo de exámenes aún no tiene respuesta, hay quien no ha podido seguir la docencia online… y un largo etcétera de situaciones que se pueden englobar en la nefasta gestión (¡y si solo fuera cuestión de gestión!) de la crisis por parte de las universidades, los gobiernos autonómicos y su propio Ministerio. Así pues, no se trata de a cuántas familias ayuden estas medidas; sino de señalar que la desigualdad de clase sigue siendo una constante que tras esta crisis será todavía mayor y, en lo que nos atañe, limitará aún más si cabe las opciones y oportunidades del estudiantado en su paso por el sistema educativo. Todo ello, nótese la ironía, a pesar de ustedes, que prometieron una gestión de la crisis que no cargase la recuperación a las espaldas de la clase trabajadora. Sentimos comunicarle a usted y su gobierno que ello, sin cuestionar según qué márgenes, no es, simplemente, posible. Nosotros, frente a una gestión que carga —directa o indirectamente— a la mayoría de familias los costes de una crisis que golpea con fuerza a nuestros padres y madres, a nosotros mismos, y limita y condiciona nuestro acceso a una educación de calidad, queremos colocar en el tablero una reivindicación clara: gratuidad del sistema educativo a todos los niveles para que, de verdad, nadie quede fuera por razón económica.

Otro aspecto que nos gustaría hacerle llegar es que no hay estrategia de marketing político que sostenga la afirmación de que las universidades han contado con sus estudiantes para la resolución de las problemáticas consecuencia del cierre de los centros y la adopción de la modalidad telemática. No existe una sola universidad pública en el país en la que la los estudiantes digan lo contrario: las universidades, presas una cada vez mayor mercantilización, han tratado a sus estudiantes como simples consumidores de las titulaciones ofertadas —cada vez, por cierto, más devaluadas— olvidando en todo caso y dejando en la mayoría de ocasiones toda la carga a las espaldas del profesorado. El resultado —con efectos constatados al encontrarnos en pleno periodo de exámenes— son prácticas curriculares pospuestas, TFGs y TFMs no terminados, asignaturas suspensas, caos administrativo, aumento exponencial de los problemas en la salud mental del estudiantado y agudización de las barreras para las familias con menos recursos. Frente a ello, le hacemos llegar otra consigna: ¡Ni una vez más sin nosotros! No existe la universidad sin los estudiantes; y los estudiantes están clamando por una educación integral, que rompa con las lógicas de presión y estrés —que no son sino la antesala de nuestro futuro laboral— y haga del conocimiento a todos sus niveles un verdadero proceso de aprendizaje y desarrollo.

Por supuesto, lejos quedan de esto las situaciones que bastante frecuentemente hemos podido observar durante la pandemia y que rozan el absurdo: que se condicione la evaluación a disponer de un equipo informático, se obligue al estudiantado a conectar su cámara web para poder realizar sus exámenes o se realicen exámenes express que impiden valorar las capacidades desarrolladas por el alumno pero, eso sí, garantizan que no exista tiempo para copiar (tampoco, claro, para elaborar una respuesta mínimamente coherente y a veces ni siquiera para leer el enunciado). Todas ellas medidas adoptadas a discreción de la universidad sin garantía de interlocución real con la representación estudiantil. Se trata de una situación, por si no quedaba claro, y ligada a la cuestión socioeconómica y el propio confinamiento, que redunda en un empeoramiento de los cuadros ansiosos y depresivos entre el estudiantado. Nos quedan, señor Ministro, serias dudas de que la gestión de las universidades haya sido, como usted clama, ejemplar; las mismas dudas que nos generan las afirmaciones que sostienen que éstas mismas universidades hayan estado en algún momento preparadas para cambiar su funcionamiento a la modalidad on-line: plataformas virtuales colapsadas, profesorado sin herramientas para adatar la docencia y pérdida, en todo caso, de la calidad educativa y el seguimiento y orientación al estudiante. No creemos que no existan beneficios aplicables a la educación fruto del avance tecnológico, pero sabemos que la presencialidad es condición para una educación de calidad y que llevado a lo concreto en el marco socioeconómico presente, el desarrollo de la formación en línea se encuentra ligado a la devaluación de nuestros grados, la pérdida de calidad educativa, la privatización y la venta masiva de datos. Le anunciamos, en tal sentido, que contará con la oposición estudiantil si el COVID-19 y la telematización de la educación se emplea como marco que justifique futuros mecanismos de privatización educativa.

Sabemos, no somos ingenuos, que poco casan estas ideas con el proyecto de consolidación del modelo 3+2 que quiere llevar usted a cabo en la universidad española. Los hijos e hijas de la clase trabajadora queremos estudiar; pero no para ser esos trabajadores precarios e hiperespecializados que exigen las empresas, no para acceder a un grado de tres años y no poder pagar el máster, no para que ese acceso a la universidad que tanto esfuerzo sigue costando a nuestras familias esté mediado por las necesidades de mano de obra barata del mercado de trabajo, no para fomentar la privatización educativa y la elitización de la educación superior. Somos cada vez más los estudiantes conscientes del perjuicio para el conjunto de trabajadores y trabajadoras y de sus hijos e hijas que supone este paradigma, cada vez más los que apostamos por un sistema educativo al servicio del pueblo trabajador en el que el desarrollo del conocimiento y la educación misma estén mediados por las necesidades de la sociedad en su conjunto.

Sabemos, en todo caso, que sus convicciones acerca de cuál debe ser el paradigma educativo son radicalmente opuestas a las necesidades de la mayoría del estudiantado. Pero le avisamos de que toda medida que profundice en la mercantilización, elitización y expulsión de los hijos de la clase obrera del sistema educativo (y el 3+2 lo hace), será confrontada y contará con nuestra firme oposición a todos los niveles. Esta crisis ya ha golpeado a cientos de compañeros y compañeras y la organización estudiantil —creemos conveniente que usted lo sepa— llama al conjunto del estudiantado a alzar la voz, a organizarse y luchar, por cada pupitre que quede vacío el curso que viene, por cada medida adoptada que vulnere o afecte a nuestro derecho a estudiar sin contar —y no en términos figurativos— con el criterio y la voz de la representación estudiantil y el estudiantado mismo a todos los niveles.

Agradecemos su atención,

Frente de Estudiantes.

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