Bretxa digital i socioeconòmica a la UPF i el COVID-19

Sección de la UPF

Hemos “vuelto” de Semana Santa y nos encontramos con que #alaUPFnoparem (en la UPF no paramos). Este es el hashtag con el que la Universidad pretende mostrar ser esa punta de lanza de la educación a la que nada puede detener, que pase lo que pase, en la UPF la excelencia no para a pesar del coronavirus.

Los órganos institucionales de la UPF, las acreditaciones excelentes, los rankings de las mejores universidades del mundo avalan estos argumentos, sin embargo, en situaciones difíciles se evidencian las flaquezas, y esta situación no ha sido para menos. Como estudiantes organizados en el Frente de Estudiantes, hemos podido ver cómo muchos de nuestros compañeros no han podido seguir el ritmo de #alaUPFnoparem, y es que los datos recabados por nuestras secciones sindicales, que hemos recopilado en un informe publicado en nuestras redes son cuanto menos alarmantes.

Partimos de un sistema universitario en el que cada año se excluyen a miles de jóvenes que no pueden pagar sus estudios y todos los gastos que acarrean o no consiguen acceder a becas. No obstante, la Universidad pone a nuestra disposición ciertos elementos, como espacios para estudiar, ordenadores, libros y manuales y tantos otros, que permiten, en cierta medida, paliar algunas desigualdades existentes entre los y las estudiantes que ya han accedido a la Universidad. Sin embargo, en esta situación de confinamiento, estas herramientas desaparecen y las desigualdades se agudizan.

El 11 de marzo, en previsión del decreto de Estado de Alarma, ya se suspendieron provisionalmente los exámenes y clases presenciales y se diseñaron a toda prisa métodos alternativos, como exámenes y test vía internet, mientras algunos grados pospusieron los exámenes en busca de un futuro próximo en el que realizarlos. Esta decisión provocó que a día de hoy se estén examinando miles de estudiantes del segundo trimestre mientras deben atender clases y entregar trabajos del tercer trimestre.

Esta falta de previsión, por sí sola preocupante, se agudiza cuando descubrimos, según datos recopilados en nuestro informe, que un tercio de los alumnos tienen dificultades para seguir las clases o los seminarios obligatorios de manera telemática, ya sea por mala conexión a la red o porque no dispongan de los equipos necesarios. Y esa preocupación deviene en frustración cuando vemos que en muchos grados están requiriendo a los alumnos a retransmitir en directo cómo hacen cada uno de sus exámenes u otras actividades evaluables en sus habitaciones, dando por supuesto que todo el mundo dispone de webcam, micrófono, dispositivos de grabación y una conexión estable a internet, además de vulnerar completamente la intimidad de los y la estudiantes, o de lo contrario se exponen a un suspenso.

Tal y como nos comenta un estudiante que respondió a nuestra encuesta: «Me parece un poco injusto lo que se está haciendo, acoplar 4 exámenes en una sola semana mientras tenemos clase “normal” del segundo trimestre, 6 horas de clase ¿y luego qué? A estudiar las otras 4 asignaturas y no nos olvidemos que aparte hay que hacer prácticas y seminarios de las asignaturas del tercer trimestre, aparte de esto tengo problemas en casa».

En cuanto a los contenidos de las materias, además de las dificultades tecnológicas ya mencionadas, debemos añadir que la mitad de los alumnos no disponemos de buena parte de los materiales bibliográficos que nos puedan ser necesarios, y en muchos casos debemos acabar comprando si queremos acceder a ellos. Las desigualdades económicas a las que estamos expuestos con o sin pandemia se traducen en menores oportunidades de aprendizaje en las universidades, menores probabilidades de acceder a becas por rendimiento y a másteres, y en general, más preocupación por un futuro, que al contrario que en otras épocas, se augura peor que el pasado. La cacareada igualdad de oportunidades está viciada desde el principio.

Pese a esto, #alaUPFnoparem, y se ven claramente afectados los métodos de evaluación. La Universidad pretende seguir como si nada ocurriese a su alrededor, y casi un 70% de los y las estudiantes nos encontramos con que estos sistemas de evaluación alternativos nos pueden llegar a perjudicar. No se contempla en ningún momento que la situación personal del alumnado es totalmente extraordinaria y expuesta a un gran abanico de dificultades. Es más, se presupone en muchos casos que estamos “de vacaciones” y que disponemos de más tiempo libre que nunca, ignorando, como se viene haciendo desde hace tiempo, a los que trabajamos para poder pagar nuestros estudios, y a los que debemos asumir gran parte del trabajo de cuidados en nuestras casas. Esto se traduce en que un 78,30% de los y las estudiantes nos vemos sometidos a una sobrecarga de trabajo, por lo que aumenta la presión sobre nosotros y agudiza los problemas psicológicos que muchos y muchas estudiantes sufrimos.

Esta es una expresión más de la mala gestión llevada por la Universidad, que, según nos han respondido mediante una encuesta el personal docente e investigador, en muchos casos ha dejado a la buena voluntad de cada uno la reorganización de sus cursos, y no ha facilitado material a los profesores, que, en muchas ocasiones, disponen de recursos escasos debido a su gran nivel de precariedad como (falsos) profesores asociados.

Hemos recopilado centenares de respuestas y problemas como estos, y se cuentan a miles en la Universidad. La excelencia académica de la que tanto hace gala la UPF, esconde tras de sí la priorización de los resultados a expensas de sus estudiantes, ponen trabas a los y las estudiantes que deben trabajar para pagarse la matrícula, porque estos “rinden” menos que los que se pueden dedicar a tiempo completo. Esa excelencia académica que tanto proclaman es, una vez más, elitismo y criba de estudiantes: no es por otra cosa que las mayores tasas de abandono escolar se encuentren en barrios trabajadores y de pocos recursos.

#alaUPFnoparem puede sonar bien como lema, resalta que aunque el bullicio de los edificios, de la plaza y del bar de la universidad hayan tenido que detenerse repentinamente ante el virus, la actividad sigue a distancia; pero suponer que nuestra actividad laboral, nuestros problemas económicos, de salud o psicológicos han parado, es desconocer por completo la situación de los y las estudiantes, aunque suponemos que los órganos de dirección de las universidades siempre han estado más preocupados por los ranking que por sus alumnos. Seguiremos luchando.

Es por esto por lo que desde el Frente de Estudiantes defendemos, en contraposición a la educación del empresario, una educación realmente pública, gratuita, de calidad y al servicio del pueblo trabajador. Es totalmente esencial que, si queremos una Universidad de calidad, se escuche la voz de los y las estudiantes, y que se nos tenga en cuenta a la hora de tomar las decisiones que nos afectarán.

 

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