Exámenes y ansiedad

Iryna Shmatenko

No hay año que los estudiantes no empecemos enero en plena época de exámenes, situación que genera tasas muy altas de problemas de salud mental, especialmente en aquellos que durante las fiestas han tenido que trabajar y estudiar. La gran carga académica tiene una significación muy particular en la génesis de problemas de ansiedad, estrés y depresión.

En este sentido, algunos de los datos recogidos en el informe Student Wellbeing Matters, del grupo GSA (Global Student Accommodation), muestran que el 47,1% 1 del estudiantado tiene problemas de ansiedad, un 55,6% ha sufrido depresión y el 82% tiene estrés. Cifras cuando menos impactantes, pues suponen que casi la totalidad de los estudiantes padecen problemas de salud mental en su vida académica. Los exámenes nos empujan incluso a trastornos alimenticios y del sueño. Muchas son las causas que pueden generar estos problemas, pero en nada ayuda un calendario con los exámenes concentrados en fechas muy cercanas y una saturación de trabajos finales y prácticas para entregar. A esto se le une por un lado la presión por obtener unos buenos resultados, pues de otra manera podría suponer el fin de la vida académica de un estudiante por falta de recursos económicos; y por otro, los problemas personales como las cargas familiares.

El sistema educativo juega un papel muy importante, dado que este otorga todo el protagonismo a unas pruebas finales, pero a su vez, impide optar a una buena nota sin la entrega de prácticas semanales, trabajos finales, la realización exámenes parciales e incluso la asistencia diaria a clase, algo que no es tan fácil ya que muchos tenemos que compaginarlo con trabajos temporales y sueldos de miseria. Sin embargo, de ninguna forma el modelo educativo actual tiene un soporte médico que nos permita acceder a profesionales de la salud mental, en todo caso cada estudiante acude de forma individual (aquellos que pueden pagárselo).

La presión por obtener unos buenos resultados se traduce en el miedo a las segundas(o terceras, cuartas…) matrículas, que pueden llegar a costar 300€. Además de la pérdida de la beca concedida para el año en curso, que tendría que ser devuelta, o la imposibilidad de optar a la del próximo por falta de requisitos, ya que no para todos es suficiente con el pago de la matrícula. En casi todos los grados universitarios se requiere un gasto en ocasiones desmesurado en materiales (desde manuales y códigos de leyes que rondan los 90€ hasta material para Bellas Artes con precios desorbitados), así como en desplazamiento y vivienda para quienes no han podido cursar la carrera en su ciudad.

Conviene tener presente que cada vez son más los estudiantes que tienen que compaginar sus estudios con un trabajo, bien porque cursan fuera del domicilio familiar, bien porque tienen que contribuir a las cargas familiares o costearse sus estudios. Estos estudiantes son especialmente vulnerables por las características del marco económico del Estado, pues muchos son trabajadores precarios. Del mismo modo, es habitual que en las vacaciones de navidad, que suelen ser antes de los exámenes, los estudiantes trabajen más, limitándose así sus horas de estudio, hecho que luego tiene impacto en sus calificaciones.

Al margen de los estudiantes universitarios, se debe incidir en las circunstancias particulares del estudiantado de segundo de bachillerato, quienes quizá soporten una mayor presión académica en el sentido de que en apenas un par de días se enfrentan a varias pruebas. Pruebas cruciales para su futuro, pues de su nota, entre otros, depende su acceso en el grado universitario o formación profesional deseada si sus circunstancias les permiten seguir estudiando.

Estos problemas seguirán estando vigentes mientras tengamos un modelo educativo con tendencia privatizadora, que impone barreras en el acceso a los estudios superiores y pone baches a la hora de solicitar ayudas. El estudiantado procedente de las capas populares necesita contar con un modelo de universidad totalmente público y gratuito, con un sistema de becas que pueda garantizar nuestra subsistencia en la etapa educativa y que nos dote de los recursos materiales y docentes necesarios para tener una vida académica satisfactoria y de calidad.

Iryna Shmatenko miembro de la Dirección General

 

Fuentes:

https://www.eleconomista.es/ecoaula/noticias/9238519/06/18/El-47-de-los-estudiantes-espanoles-sufre-ansiedad.html

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