Sobre los vínculos entre el Banco Santander y la Universidad Pública a través de AppCrue

Juan Helios García Guzmán

En estos tiempos de atronador avance tecnológico, hemos perdido derechos que ni siquiera sabíamos que teníamos. La idea distópica de que toda nuestra información personal y académica pueda estar al servicio de intereses privados, no es ya la premisa para un capítulo de Black Mirror, es una realidad al orden del día.

Una de las principales vías de penetración de los intereses privados en la educación pública está siendo a través del acceso a nuestros datos académicos y personales. El caballo de Troya del Banco Santander para esta labor se llama AppCrue y si eres estudiante universitario seguramente ya lo conozcas.

Cuando cedemos nuestros datos a Google o cualquier otra empresa tecnológica lo solemos hacer por comodidad o por desconocimiento pero a grandes rasgos los responsables de nuestra cesión somos nosotros. Con la AppCrue esto no pasa, si bien se nos pide aceptar una serie de condiciones,  ya estamos siendo obligados a firmar antes de hacer nada. Es la propia universidad la que llama a instalarse y a utilizar la aplicación, es la propia universidad la que está dando permiso a el Banco Santander a desarrollar una aplicación que no sabemos exactamente que está haciendo con nuestra información.

Es más, las intenciones del Santander se manifiestan cuando las propias universidades prohíben a otros desarrolladores acceder a sus recursos para que se hagan otras aplicaciones que competirían con la AppCrue. Dicho de otra manera la Conferencia de Rectores de las Universidades de España (CRUE) ha dado el monopolio de las aplicaciones universitarias al Banco Santander. Irónico que no paren de hablarnos de emprendimiento en las escuelas de informática para que luego no se nos dé la oportunidad de hacer nuestra propia aplicación para nuestra universidad.

El problema es que muchas veces no nos damos cuenta de lo que suponen todo este tipo de cesiones. Son pasos que nos van acercando a una educación cada  vez más privatizada, una en la que la etiqueta de universidad pública se va degradando tanto hasta que no se sabe muy bien que pone. ¿Se puede considerar que la universidad española es pública cuando se da vía libre a la cesión de los datos académicos y profesionales de sus usuarios?

Existen alternativas de sobra para hacer una aplicación que mejore cualitativamente la educación universitaria. Se cuentan con equipos profesionales públicos capaces de realizar mucho mejor trabajo que el desarrollado en la AppCrue, la cual a nivel de funcionalidades parece una broma de mal gusto. Por eso, es hora de que los estudiantes defendamos el Software Libre como principio para garantizar una serie de herramientas informáticas al estudiantado y a la comunidad educativa en su conjunto. Ello, ha de ir necesariamente de la mano del cese inmediato y unilateral de contratos entre Banco Santander y las universidades públicas.

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